2/2/09

Motoquero


Esto que va un hombre a comprarse una moto.
Llega al concesionario y dice:
- Buenas. Quiero una pedazo de motarro que no veas. Eso sí, no pienso gastarme más de 1500 euros. - Pues eso es difícil. Pero creo que tengo algo que le gustará. Y entonces el vendedor le enseña al hombre una motarro que no veas tú. Con un motor de 2.000cc y unos cromados que te cagas. Y el hombre, todo perplejo dice: - Pero esto tiene que salir carísimo. - Qué va. Sólo 600 euros. - Pero, ¿cómo puede ser? - Mire. Es que esta moto es de importación. Viene del Sahara, y claro, como allí nunca llueve, pues si le cae una sola gota de agua, pues la moto se cae a pedazos". - Pero entonces no me interesa. - No, hombre no. Mire, si usted ve que se va a poner a llover, pues le da una buena capa de vaselina para aislarla de la humedad, y ya está. Además, le regalo con la moto un frasco de vaselina. - Siendo así... Vale, me la llevo. Y entonces el tío va todo fardón por la carretera con su nueva moto, conduciendo a toda hostia, devorando kilómetros. Y claro, con tanto fardar, el tío va y se traga un charco de aceite en plena curva y se mete un piñazo que no veas. A todo esto que un lugareño lo ve y se acerca a ayudarle: - Pero hombre, menuda hostia se ha dado. ¿Está usted bien? - Sí, no me ha pasado nada, y la moto...., la moto también está bien. - Pero, ¿seguro que usted está bien? Mire que la hostia ha sido de campeonato. Lo mejor que podemos hacer es que se venga conmigo a mi casa. Le invito a comer, y si después de comer usted ve que se encuentra bien, pues nada, se va y todos tranquilos. Entonces el lugareño y el hombre se van en la moto a casa del buenazo del lugareño. - Verá, en esta casa tenemos una costumbre, durante la comida no se habla, y si alguien habla, entonces es el que lava los platos. El hombre piensa: "Bueno, ya que este lugareño está siendo tan amable, yo, durante la comida, hago que se me escapa alguna palabra, y le lavo los platos." Entonces se asoma a la cocina y ve que allí todo estaba lleno de platos sucios, y piensa: "¡¡¡JODER!!! Yo no digo ni mú". Comienza la comida, a la mesa estaban el lugareño, su esposa, su hija y el hombre de la moto. Reinaba un silencio sepulcral, no se oía ni el ruido de una mosca. El motero, que no tenía ninguna gana de lavar los millones de platos que habría en la cocina, empieza a meter mano a la hija del lugareño, para ver si ésta dice algo, y así asegurarse de que él no lavaría. Pues la chica no decía nada de nada, le miraba, suspiraba, se movía, pero no decía nada. Entonces el tío, que de tanto sobeteo se había puesto a 100, pues se levanta de la mesa y se tira a la hija, allí, delante de todos. Y la peña que no suelta prenda, nadie dice nada, siguen comiendo tan tranquilos. El hombre, que ve que se puede poner morado, mira a la mujer del lugareño, que era una cuarentona de buen ver, y se la tira. Y nadie dice nada. Todos callados, comiendo, sin decir ni pío. Mientras todo esto sucedía, el cielo se fue poniendo cada vez más oscuro. El hombre, después de haberse tirado a la madre y a la hija, ve que va a llover y se levanta de la mesa, con el bote de vaselina en la mano, y el lugareño dice: - ¡Vale! Friego yo.

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29/11/08

A las patadas


Un abogado sale de cacería al campo y tiene la suerte de bajar un pato con el primer tiro. La pena es que el pato cayó en un sembradío al otro lado de la cerca.Ya se trepaba a la cerca cuando se le acerca un viejo granjero en su tractor.-"Que está haciendo? . . esta es mi tierra ".-"Bueno, lo que pasa es que cacé un pato y cayó en su tierra.-"Lo siento, pero no puede llevárselo", le dice el granjero.-"Soy uno de los mejores abogados.
Le voy a hacer un pleito y me voy a quedar hasta con toda su tierra si no me deja entrar a recoger mi pato", amenaza el abogado.-"Aquí en el campo resolvemos las cosas de otra manera", le informa el viejo.
"A las patadas resolvemos las disputas.
Aplicamos la Regla de las Tres Patadas".-"Y qué es la Regla de las Tres Patadas? ", pregunta el abogado.El viejo explica:-"Yo lo pateo tres veces; Ud. me patea tres veces; yo lo vuelvo a patear, y así hasta que alguien se de por vencido".El abogado vio que el granjero era viejo y sabiendo que él estaba en forma, aceptó las reglas.-"Está bien, empecemos", dijo el abogado.El granjero se bajó del tractor y sin más, con sus botas bien duras le dio una tremenda patada en la rodilla al abogado, y antes de que se doblara, le encajó otra en la entrepierna, y cuando el abogado se retorcía de dolor, le encajó un tremendo patadón en el culo.Al cabo de 5 minutos, el abogado -con mucho esfuerzo- se levantó y dijo:-"Ahora me toca a mi".-"No se moleste", le dice el viejo. "...Me doy por vencido.
Vaya nomás y llévese su pato".

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18/11/07

Astucia


Cuentan que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente en el reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasa o nula oportunidad de escapar al terrible veredicto ...la horca! El Juez también complotado cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de él tu destino, vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás y será la mano del Dios la que decida tu destino."
Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda culpable y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa.
No había escapatoria.

El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.

Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente: ¿Pero qué hizo?

¿Y ahora?

¿Cómo vamos a saber el veredicto?

"Es muy sencillo respondió el hombre.

Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué". Con rezongos y bronca mal disimulada debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.






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